A corazón abierto y con una trayectoria destacada en la fuerza policial, la jefa nos comparte su inspiradora historia de vida, marcada por desafíos y superación. Una pérdida familiar devastadora estuvo a punto de hacerla abandonar su sueño de ser policía, pero encontró en ese dolor un impulso para seguir adelante. Hoy, con casi 30 años de servicio, marcó un antes y un después en la institución, pese a los prejuicios por ser mujer.
En Argentina, pocas mujeres han ocupado cargos destacados en las fuerzas policiales. Jefas de policía provinciales: Liliana Zárate, primera jefa de la Policía de Córdoba; Norma Morales, jefa de la Policía de Salta; Emilce Chimenti, jefa de la Policía de Santa Fe. Subjefas de Policía Federal: Mabel Franco, primera mujer en ocupar el cargo de subjefa de la Policía Federal Argentina. Y en nuestra Policía de San Juan, se encuentra la Subjefe Comisario General Lic. Cintia Álamo, la primera en llegar al mandato.
Nació un 2 de junio del año 1975, en San Fernando del Valle de Catamarca. Su papá era ferroviario, y su mamá ama de casa y costurera. Es la cuarta de cinco hermanos. Actualmente es mamá de cuatro hijas y abuela de un nene de 5 años.
El ferrocarril trasladó a sus empleados a distintos puntos del país y la familia Álamo tuvo que mudarse a San Juan, al ferrocarril de Caucete, Pie de Palo, cuando ella tenía tan sólo dos años. Hizo sus estudios primarios en la Escuela Arturo Beruti y el secundario en la Escuela Normal Belgrano, donde recuerda que se movilizaba en bicicleta y que, si bien no se consideraba buena estudiante, siempre le gustó prestar atención y eso la hacía pasar de grado.


Desde los 10 años, todos los veranos se organizaba con su familia para realizar tareas agrícolas, lo que le permitía adquirir los útiles, vestimenta y calzado que la acompañarían durante el año escolar. “Me tocó aprender a ganarme mis cosas desde muy pequeña. Y agradezco que haya sido así, de esa forma supe cuidar y darles el valor que merecen. Siempre fui muy sencilla y compré lo justo y lo necesario, sin derrochar”, remarcó. También se desempeñó como catequista en una escuelita dominical, donde descubrió sus dotes como docente frente a un montón de chicos que lograron hacer la comunión.
A los 17 años, terminando el secundario, llegó a sus manos un recorte de periódico donde se abría la inscripción a la Escuela de Cadetes. Si bien su papá quería que ella fuese maestra, se inscribió a la policía en escondidas. Todo se fue dando de a poco, sin prisas. Comenzó el periodo de adaptación que duraba un mes de corrido dentro de la escuela y no tuvo más remedio que contarle a su papá que había ingresado. “En ese entonces, a las pocas mujeres cadetes que había, nos cortaban el pelo bien corto, a la par de los varones. Era un régimen semi militarizado, donde tanto hombres como mujeres nos debíamos adecuar a la normativa interna en cuanto a estética, uniformes, sistemas de guardia, orden cerrado y ejercicios físicos. En mi caso, estaba acostumbrada a pasar horas bajo el sol y físicamente no me costó, gracias al trabajo de campo”, recuerda.
Cuando estaba en su segundo año como cadete, mientras cursaba, recibió la noticia de que su papá había fallecido tras haberse descompensado en la calle. Fue un golpe muy duro para ella, ya que pasó a ser el sostén de su hogar y debía ayudar a su madre. “A pesar de que mi papá nunca estuvo muy de acuerdo con ser policía, justamente días antes de fallecer, me hizo saber lo orgulloso que estaba de mí, aceptando finalmente mi decisión. Me dio un abrazo, un beso y me dijo cuánto me amaba”. Pese a ese momento determinante, no abandonó la carrera y sintió que ese suceso la impulsó aún más.
Con 20 años ya era oficial ayudante y estuvo a cargo de una guardia completa en la Comisaría 9°, donde fue su primer destino. “Con mi primer sueldo pagué las boletas atrasadas de la luz, hice el contrapiso en casa, puse el teléfono de línea para comunicarme con mi mamá cuando estaba de guardia y me compré mi primer reloj”, narra emocionada.
Luego pasó por la División Robos y Hurtos, más tarde en Seguridad Personal, donde estuvo 12 años, siendo pionera en atención de víctimas de abuso sexual y violencia de género, inició una aplicación de la Ley de Violencia Familiar, surgiendo la necesidad de un abordaje integral, que derivó en la participación del proyecto de creación de la Comisaría para la Mujer, cuya funcionalidad luego fue absorbida por el Ministerio Público Fiscal.
Fue jefa de la División Defraudaciones y Estafas, donde a través de la innovación e investigación de los delitos, con tan sólo diez efectivos policiales, realizó múltiples allanamientos en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Mar del Plata, procediendo a distintas detenciones de estafadores y delitos con nexo en todo el país. Después hizo su paso por Administración Personal del D-1, seguido de la Regional Capital, donde aprendió más acerca del trabajo operativo en las calles.
Más tarde fue jefa de la División Criminalística 3 años, durante la pandemia, interviniendo a cada ciudadano que fallecía por COVID 19 y fue aquí donde ella diseñó los primeros formularios estandarizado. Estuvo a cargo de muchos casos en la materia, pero hubo uno en particular donde le tocó ser la coordinadora en una escena del crimen, del primer homicidio con alevosía en San Juan dentro del Sistema Acusatorio; encargada de la logística en relación a levantamiento de pruebas, rastros y clasificación de indicios para mostrar ante la fiscalía de la provincia. Participó en la creación del Protocolo de Crisis de Salud Mental y Consumos Problemáticos.
Nuevamente volvió a su primer destino, la Comisaría 9° , pero esta vez como jefa, luego Comisaría 5°, la 23° e hizo su paso por la División Policía Rural, luego en Comisaría 2° de Concepción, de nuevo Comisaría 9° y Departamental N° 6. Adquirió más conocimientos en la parte operativa, llevando adelante diversos allanamientos, operativos de canchas, manifestaciones y eventos masivos.
Culminó como jefa de la Unidad Coordinadora de Departamentales, donde diseñó un formulario para la tramitación de expedientes contravencionales que reducía intervenciones de diez hojas a una sola, siendo más práctico. Esta implementación fue autorizada por los Juzgados de Faltas y Paz de la provincia.
En 2019 y 2025 recibió una distinción a nivel provincial, llamada “Mujeres abriendo caminos”, donde fue seleccionada por la sociedad por su trayectoria. En 2021 también recibió un reconocimiento por parte de ACME Mujeres Empresarias de San Juan, cuyo objetivo es promover, fortalecer y visibilizar a mujeres empresarias y emprendedoras de la provincia.
En 2023 se animó a realizar la Cabalgata de Cruce Sanmartiniano de Los Andes por el Paso de Los Patos, que duró 6 días en un recorrido total de 150 kilómetros y 4.500 metros de altura. Ella junto a la Mayor Gladis Riquelme, miembro del Ejército Argentino, fueron las primeras mujeres dentro de las fuerzas en encaminar este desafío histórico. La cabalgata estuvo compuesta por más de 50 personas, haciendo el mismo recorrido que realizó el General José de San Martín en 1817.
Finalmente, en mayo de 2025 fue designada como Subjefe de la Policía de San Juan, un hito histórico en nuestra institución, ya que es la primera en ocupar ese puesto. “La constancia y el sacrificio me llevaron a ocupar este lugar, que aprecio y cuido mucho. Ha sido un trabajo duro, que no se logra de la noche a la mañana. Considero que soy muy humana y empática a la hora de actuar y de dirigirme al resto. Agradezco la oportunidad, a los compañeros que tuve en el camino y a la vida misma por haberme enseñado tanto. Espero dejar una buena huella en esta institución tan linda”, cierra emocionada.



