Nacido en Concepción, provincia de San Juan, en 1967, el Padre Rómulo Cámpora Rey es un sacerdote católico que ha dedicado su vida al servicio de la comunidad. Con una infancia marcada por la fe y la familia, Rómulo se sintió llamado a la vida religiosa desde muy joven.
Infancia y Formación
Rómulo creció en un hogar cristiano, rodeado de afecto y valores. Su infancia estuvo marcada por la tragedia del terremoto que azotó a la provincia en 1977, experiencia que lo llevó a reflexionar sobre la importancia de la fe y la solidaridad. A los 12 años, ingresó al Seminario Santo Domingo Sabio en Córdoba, donde comenzó su formación sacerdotal. Durante su tiempo en el seminario, Rómulo se formó en filosofía y teología, y se preparó para su futura misión como sacerdote.

Vida Sacerdotal
Después de completar sus estudios eclesiásticos y obtener el profesorado en Ciencias de la Teología y Ciencias de la Religión, Rómulo fue ordenado sacerdote. Su ministerio lo llevó a servir en diferentes parroquias y instituciones, incluyendo la Parroquia de Santa Lucía, la Parroquia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en Rivadavia y la Catedral de San Juan, donde fue párroco durante seis años. También se desempeñó como Capellán del Hospital de Jáchal y como Secretario del Arzobispado de San Juan.

Servicio en la Policía de San Juan
En el 2003 fue nombrado Capellán y trabajó en estrecha colaboración con la Policía de San Juan, brindando apoyo espiritual y emocional a los agentes y sus familias. Durante su servicio, acompañó a la institución en momentos críticos, como la pandemia, inundaciones y hechos de violencia. También trabajó en la catequesis y el acercamiento a las familias, enfatizando la importancia de la familia y el derecho a la vida. Rómulo se esforzó por establecer una relación de confianza con los agentes, escuchando sus problemas y necesidades, y brindando apoyo y orientación cuando era necesario.
El Padre Rómulo Cámpora compartió su experiencia en la Policía de San Juan, destacando su misión de apoyar a los agentes en su vocación.
“Siempre traté de hacerlo con paciencia y comprensión, escuchando y sosteniéndolos en situaciones críticas. También visité los calabozos, brindando apoyo y contención a los detenidos. En pandemia, trabajé en Rodeo, ayudando con las necesidades que surgían. Enfaticé la importancia de la familia y el derecho a la vida. También realicé muchos retiros espirituales y jornadas de catequesis para acercarlos a los sacramentos del bautismo, comunión y confirmación”
Servicio en Instituciones Educativas
Además de su trabajo en la Policía de San Juan, Rómulo también se desempeñó como capellán en varias instituciones educativas, incluyendo el Colegio Santa Rosa de Lima, el Colegio Santo Tomás de Aquino, el Colegio Santa Lucía, el Colegio San Pablo y el Colegio CESAP. En estas instituciones, Rómulo trabajó para brindar apoyo espiritual y emocional a los estudiantes y profesores.
Viajes y Encuentros
A lo largo de su vida, Rómulo ha tenido la oportunidad de viajar a lugares sagrados y conocer a líderes religiosos importantes. Ha visitado Tierra Santa, Italia y Francia, y ha conocido al Papa Juan Pablo II, al Papa Benedicto XVI y al Papa Francisco I, con quien compartió un desayuno en Argentina antes de ser nombrado cabeza de la iglesia. Estos viajes y encuentros han sido una fuente de inspiración y crecimiento espiritual para Rómulo.
Retiro y Legado
Después de más de 20 años de servicio en la Policía de San Juan, Rómulo se encuentra en situación de retiro. Aunque su labor como capellán ha concluido, su legado de servicio y devoción a la comunidad permanecerá. Está agradecido por la oportunidad de haber servido a la institución y a la comunidad, y espera continuar siendo un referente espiritual para aquellos que lo conocen. Su dedicación y compromiso con la fe y la comunidad son un ejemplo a seguir para muchos.
Entre anécdotas y silencios, el padre Rómulo nos deja una enseñanza sencilla y profunda: que el amor es la única respuesta que no envejece. Su historia no se mide en años, sino en huellas. Y al escucharlo, uno entiende que Dios también habla en voz baja, en la vida de quienes eligen servir.
Hay una paz en sus palabras que no se explica, solo se siente. Porque su vida, hecha de fe y entrega, sigue siendo una oración viva que el tiempo no podrá borrar.
Y al finalizar la entrevista, el padre Rómulo sonríe con la serenidad de quien ha caminado con propósito. Nos queda su ejemplo, su palabra sencilla, su fe sin adornos. Y la certeza de que, mientras haya corazones dispuestos a servir, su mensaje seguirá latiendo.




